
30/11/09
TOKYO

21/08/09
100 AÑOS
Sin fecha ni lugar
Quizá se enteró de la boda del Rey Alfonso XIII, siempre de pie, los brazos cruzados, impasible, sobre aquel tocador de un dormitorio en constante penumbra, a veces rota por el reflejo que proyectaba la luna de un ropero próximo cada vez que alguien encendía la mortecina luz eléctrica de la estancia o también al abrirse las persianas de las dos ventanas, de común cerradas a cal y canto, los días de limpieza y aireado de la estancia.
Fue testigo imperturbable de los nacimientos de dos generaciones de aquella familia, ocurridos todos ellos justo en la cama de enfrente, a dos pasos de ese territorio suyo que era el tocador. Y en su momento debieron llegarle noticias de la caída de la Monarquía y de la llegada de la República y de la Guerra Civil, que tan de cerca le rozó. Fueron luego pasando uno a uno los años interminables del franquismo y desde tanta grisura y mediocridad posiblemente llegara a enterarse del alunizaje de Armstrong, de los asesinatos de los Kennedy, de Vietnam, de los Rollings y de los Beatles…
Aun seguía ahí, de pie, apoyado en ese mojón, en el que quien lo creó dibujó la N inconfundible, inicial de un linaje estremecedor, cuando alguien llamado G. W. Bush, ignorando como buen ignorante el pasado reciente, entró en la Historia como elefante en chatarrería invadiendo Mesopotamia. Estúpido! Ya lo había dejado dicho el de la N, el de la N de verdad, el de carne y hueso, con la autoridad irrebatible de su experiencia vital, “los pueblos que ignoran su pasado están condenados a repetirlo”.
Nunca estuvo solo, tras él, dos amazonas montadas en sus caballos, hechas de la misma cerámica cristalina y liviana, delicada, lo que le hacía suponer que podían pertenecer a su misma familia o estirpe, ellas, con sus chaquetas rosa y sus tocados de negro opaco. Sobre la superficie de mármol del tocador había otras irrelevantes figuras de formas y materiales toscos a las que, por motivos evidentes, nunca llegó a prestar atención porque “no eran de los suyos”…
Un día, casi 100 años después de haber sido depositado en aquel lugar, se abrió la puerta del dormitorio y el click del interruptor llenó de luz pastosa las sombras; alguien con paso decidido caminó hacia el tocador y sin dudarlo se hizo con la figurita de cerámica, la observó durante unos segundos, la envolvió en papel de celofán y salió con ella del dormitorio dejándolo de nuevo todo a oscuras.
Ahora habita sobre la superficie de aluminio de una estantería minimalista, acompañado por una “troupe” heterogénea de objetos y personajes de origen y catadura diversa y por él difícil de catalogar. También los ignora, desde su misantropía sin solución. El entorno es luminoso, a través de dos grandes ventanales se ven árboles y un mar sobre el que a diario se pone el sol. Sigue erguido, de pie, los brazos cruzados, impasible, pero, sin saber muy bien por qué, está convencido de que esta nueva “ubicación” no va a ser para otros 100 años…
©texto/foto: Pedro Coll
31/05/09
CUALQUIER INSTANTE
Sin fecha ni lugarobservo esta imagen, casi abstracta
MANHATTANPUZZLE EN LA BIBLIOTECA NACIONAL JOSÉ MARTÍ DE LA HABANA
Biblioteca Nacional José Martí, La Habana.21/04/09
EL TIEMPO DETENIDO
20/04/09
ALMA ÁPTERA

11/01/09
EL LENGUAJE DE LAS AZOTEAS
La Habana, diciembre del 2008El "bell-boy" dejará la maleta en el suelo, recibirá su propina y prácticamente será empujado al pasillo. El voyeur cerrará la puerta y ansiosamente se encaminará al gran ventanal, correrá los visillos de un golpe seco y el mar de luces temblorosas invadirá todo su espacio visual; ahí está, de nuevo ante él, la ciudad carismática, dolida, sensual, histórica, rebelde, con su mar de plomo, su horizonte de plomo... su muralla de plomo. Tirará de la manivela y la corredera de cristal se deslizará sin esfuerzo, dejando que el gran espacio exterior físicamente le acaricie la piel de la frente, de las mejillas, de las manos... no es la primera vez que esto ocurre, pero aún así notará cómo se le eriza el vello, podrá de nuevo oler aquel aroma combinado de salitre y asfalto y de "no sé que más" y percibir el rumor a ciudad durmiente que, de manera lenta e imparable, asciende y le alcanza y le envuelve, allá en piso 20, en el balcón de aquella habitación ya familiar, la habitación 2004.
El "jet-lag" le tumbará vestido y mal afeitado en la inmensa cama, con el ventanal abierto y los visillos danzando tímidamente al ritmo de la brisa, y el "jet-lag" abrirá sus ojos cuando la primera luz de la aurora comience a pintar una línea salmón en la lejanía. La maleta aun sin abrir, pero ya montado el trípode y la cámara situada y lista; y así comenzará de nuevo su inspección minuciosa de los fragmentos de la urbe, de los tejados, de las torres de iglesias que se mantuvieron contra viento y marea, de los rascacielos y de las casas, de las terrazas con viejos y nuevos coches aparcados, de las calles de asfalto roto, de las paredes iluminadas por lámparas naranja o de frío neón, todo ello pintado con la luz de los atardeceres rojos, con la luz del sol filtrado entre las nubes, manchando a ráfagas, o del sol plano, duro, o de la envolvente y pastosa niebla de la madrugada... siempre de la mano de la luz, cambiante, mezclada, realzando y borrando, marcando, gritando, susurrando al oído del voyeur: "mira, aquí!", "no, no, mejor allá!", "por aquí, por aquí!"
Durante días sucesivos, el voyeur, como espía encaramado en plena "crisis de los misiles", cinematográficamente "indiscreto", irá documentando, para sí mismo, egoístamente, el sutil espectáculo de la vida mostrado a través de las azoteas, todo un lenguaje de evidencias, la radiografía de una época, el mapa de varias generaciones, las arrugas del tiempo; y rodeado de silencio, de la manera que a él le gusta avanzar, metódica y apasionadamente, el voyeur intentará interpretar lo aparentemente ininterpretable...
©texto/foto: Pedro Coll
proyecto titulado: EL LENGUAJE DE LAS AZOTEAS (SUITE 2.004)

